enero 11, 2017

«El chico de los limones (que se pudran las medias naranjas)»

«El chico de los limones (que se pudran las medias naranjas)»

A comienzos del 2012, mientras estudiaba 2º de bachiller de Ciencias Tecnológicas, me di cuenta de que mi verdadera vocación era ser escritor. Imaginaba el futuro y era la única profesión con la que sentía que podía ser feliz.

A principios del 2015, después de poner fin a una época de mi vida en la que me había hecho bastante daño, tuve la necesidad de dejar ir todo aquello que había hecho de mí una versión que poco se correspondía con la realidad. Y lo hice escribiendo, de la manera que había encontrado para, en parte, curarme; en otras ocasiones, para autodestruirme.

Un sinfín de pensamientos y sentimientos llegaron en forma de palabras rimadas, un fiel reflejo de la persona que había sido o, quizás, era sin darme cuenta. Hablaban del dolor, de la rabia, de la tristeza, de la desesperación. Pero también del placer, de la ilusión, de la inocencia, de la nostalgia, del amor propio. Eran palabras agridulces, un 50-50 que luchaba constantemente. Eran, en mayor o menor medida, yo.

Así, nacieron 40 poemas que hablaban de cuatro pilares: amor, sexo, ruptura y despedida; una historia cíclica de lo que había sido mi vida en los últimos años. Había conocido el amor más dulce e inocente para darme cuenta de que, al final, nada era como esperaba. Nadie iba a venir a salvarme.

Después de muchas reformulaciones y quebraderos de cabeza, el 27 de junio, día de mi cumpleaños, nació El chico de los limones (que se pudran las medias naranjas), un libro que ha conseguido destrozarme y, a la vez, reconstruirme. Allí estaba; ya era una realidad, y ahora sólo debía encontrar un voto de confianza.

A finales de agosto de 2016, presenté el proyecto para recibir una beca que organizaba Bifrutas. La idea era conseguir dinero con el que poder presentar mi libro ante una editorial de autoedición. No obstante, salieron los ganadores del primer mes y mi nombre no figuraba en la lista. Lo había intentado, pero no había sido posible.

Sin embargo, quizás por azar o porque así estaba predeterminado, hace tres semanas recibí un correo de Bifrutas en el que se anunciaba que había sido elegido ganador del mes de diciembre. Había ganado 1.500 euros para cumplir uno de mis sueños: publicar mi primer libro.

Hoy, 11 de enero de 2017, cuando llevamos poco más de una semana de año, tengo el enorme placer de comunicar, y lo digo lleno de nervios y a punto de gritar, que El chico de los limones (que se pudran las medias naranjas) es más real que nunca.

Muchísimas gracias a todos por el apoyo. Esto no ha hecho más que comenzar.
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4 thoughts on “«El chico de los limones (que se pudran las medias naranjas)»

  1. Marta Alemán dice:

    ¡Qué bien, Gab! Te deseo mucha suerte 🙂

    1. Gabriel Garcher dice:

      ¡Muchas gracias, Marta! Espero que todo vaya más que bien a partir de ahora. ¡Un beso!

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